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  . : . . . luis paniagua . · . .  música en estado puro . . : .           



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Pequeñas cucharadas de vida
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Lost Frontier - verano de 2005

036 pintura, androgino, oleo, tinta y lapiz sobre tabla de planchar, 1997. Luis Paniagua
Siempre que escucho un disco de Luis Paniagua repito el mismo ritual, me preparo para la ceremonia: me descalzo, cierro los ojos y me sumerjo en mi templo particular de los sonidos. Dejo que la música me transporte hacia... mí mismo. Y no falla. Es una comunión mística donde la música te subyuga hasta el punto de franquear las puertas de ese santuario que todos guardamos celosamente de miradas indiscretas. Y la magia fluye.

Con el tiempo Luis se ha ido encontrando a sí mismo también y a mí me fascina extraordinariamente echar la mirada atrás y saborear sus discos anteriores, paladear sus melodías, que son pequeñas cucharadas de la vida misma tamizadas de emociones y sensaciones.

En Bienvenida Luis Paniagua continua recorriendo ese camino, a menudo polvoriento, que serpentea alejado de las grandes rutas transitadas, pero que nos permite disfrutar de otros paisajes singularmente bellos. Fiel a sus costumbres, predominan los instrumentos más orgánicos (lira, arpa arqueada, caxixi, diferentes percusiones) y la voz. Definitivamente la voz es cada vez más protagonista. Colaboran Luis Carmona a los teclados y Manna Teji con diversos instrumentos y también voz.

Tal vez este trabajo suene más a world music, pero es una impresión que causa el empleo de instrumentos tradicionales. En realidad yo me atrevería a afirmar que este disco es más ecológico; está salpicado de referencias que nos hacen reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo, nuestra arrogancia y nuestra soberbia. Y la música nos envuelve, nos seduce con su mágico influjo, nos atrapa y nos hace olvidar los límites físicos que nos oprimen, nos libera con su poder sanador en un trance misterioso de efectos balsámicos y nos desea buen viaje.

La música de Luis Paniagua nos da la bienvenida con los brazos abiertos, nos invita a caminar sin prisas, a contemplar. Y cuando el disco llega a su fin y el silencio se hace evidente, necesitamos unos instantes para regresar. Asimilamos la experiencia y recreamos con una sonrisa este tiempo de introspección. Y entonces nos levantamos, abrimos la ventana y dejamos que amanezca.

.. Javier Bedoya ..



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